La
fotocopiadora Dora con los años dejó de copiar con fidelidad.
Dejó de copiar y
empezó a crear.
Al principio se pensaba que eran manchas en el papel o líneas,
pero mirándolas con detenimiento eran obras de arte. Si el original era una
partitura, Dora componía una nueva melodía en el papel. Si era una imagen, Dora
dibujaba y pintaba. Si era un libro, Dora escribía. Si el papel se arrugaba,
Dora esculpía. Y aún si el original era una hoja en blanco Dora imaginaba y
algo se le ocurría.
Un día el técnico de fotocopiadoras la vio, le cambió el tóner,
y Dora quedó como nueva... como nueva... como nueva... como nueva...
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